jueves, 25 de diciembre de 2008

Un día como otro cualquiera si no fuera porque es costumbre reunirse con la familia para comer. Cumplido el trámite puedes disponer de toda una tarde para "rascarte el bolo" pero esa tarde había sido diferente.

Unas velas, música suave de fondo, un sillón, una manta y la mejor de las compañías posibles. Podría parecer la escena de una película romántica pero es que no era una peli. Estábamos allí los dos, tan a gusto, mirándonos a los ojos, diciéndonos que nos queríamos.... hasta que llegó la hora, otra vez, esa hora en la que debíamos separarnos.

Y nos separamos, con el recuerdo de las caricias, con la huella de nuestras bocas, con la mente de cada uno pensando en el otro, con nuestros regalos recién estrenados.... un 25 de diciembre

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