jueves, 1 de diciembre de 2011

Sentenciados a muerte

El otro día, en una comida con unos amigos salió a colación un tema que me hizo reflexionar. Estábamos comentado que de no ser por los adoptantes y las casas de acogida muchos perros y gatos estarían irremisiblemente condenados a vivir en una jaula o a ser "dormidos" (que es como llaman eufemísticamente al sacrificio).

En un momento dado se dijo que también había gente, personas, que se mueren de hambre y que no era comparable una cosa con la otra. Cierto, no es comparable. En los países desarrollados se gasta tanto dinero en las mascotas que seguramente si se destinasen esos mismos recursos a otros fines, se podría paliar en gran medida la pobreza mundial. No es menos cierto que con los excedentes de los países todavía ricos se puede alimentar a los pobres y tampoco olvidemos que lo que no hay es voluntad real por parte de quienes detentan el poder de paliar estos problemas que debieran ser prioritarios. Vivimos en una sociedad donde tiene que morir gente de otros continentes para mantenernos a nosotros y donde nosotros a su vez mantenemos a otros mucho más ricos. Es así, una pirámide y no creo que esté en nuestra mano cambiarlo.


Mientras para poder salvar a una persona que se muere de hambre en Somalia y que ni siquiera debiera haber nacido (si, es crudo pero así lo veo) hay que pasar por una ONG (muchas de ellas verdaderos sacos de sinvergüenzas), el gobierno del país de destino (casi siempre corrupto) y unos trabajadores a pie de campo (que tiene que decidir a quien salvan y a quien no y durante cuanto tiempo), salvar a un perro o un gato es tan sencillo como ir a una protectora y llevártelo. Es triste, y mucho, que podamos salvar a un cachorrillo y sea casi imposible hacer lo mismo con un bebé desnutrido.

Creo que es más un tema de lo que cada cual puede hacer o no de manera más o menos inmediata, consciente y tangible, vamos, de las posibilidades reales de cada uno de hacer algo que le ayude a sentirse persona. ¿Deberíamos todos abandonar a nuestras mascotas y destinar ese esfuerzo económico a otros fines? Pues quizá si pero eso no terminaría con las guerras que causan millones de desplazados ni con la sequía que provoca las hambrunas ni con la falta de planificación que superpobla el planeta.

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