sábado, 15 de septiembre de 2012

Compañer@s


Estimados compañer@s,

No puedo por menos que manifestar mi profunda decepción por lo acontecido en la reunión del pasado viernes donde quedó patente que el proceso en el que estamos inmersos puede llamarse como se quiera menos colectivo.

Parto de la base de que se va a prescindir de un tercio de la plantilla (unas 10 personas) y ojalá me equivoque pero a los efectos que nos ocupan igual da que sean 7 que 13.

La primera muestra de insolidaridad, bajo mi punto de vista, fue que en ningún momento se tratara el tema de los que van a ser despedidos. Parece que es cosa hecha e inevitable y que se les abandona a su suerte. Estoy seguro que reduciendo todas las jornadas y salarios al 50% no habría que despedir a nadie pero también me consta que pocos seríamos los dispuestos a aceptar tal medida. El único deseo es el de “que a mi no me toque”. Plantearos ahora que sea la empresa la que decida esa rebaja salarial en esas condiciones. ¿Qué pasaría?

La segunda muestra de insolidaridad llega a la hora de elegir interlocutores con la empresa. No se puede pretender designar a unos representantes y dejarlos igualmente abandonados a su suerte. Si por el mero hecho de ser portavoces del resto se toman represalias contra ellos, sus representados deberían, por ética y dignidad, hacer piña con ellos e ir todos a una. No se trata de adoptar una postura beligerante, se trata de defendernos colectivamente y de que lo que se consiga, si se consigue algo, sea para todos.

Es evidente que el más perjudicado va a ser siempre el más débil, el que tiene menos recursos, quien cuenta con menor margen de maniobra, aquel cuyos ingresos le permiten exclusivamente vivir y a esto es a lo que parece estamos abocados casi todos. La empresa, gracias a la última reforma laboral, tiene la sartén por el mango y vista la desunión existente entre los trabajadores, va a hacer con nosotros lo que quiera.

A mi no me vale eso de que la empresa somos todos porque no es cierto. La empresa es la empresa y los demás somos los que trabajamos en y para ella. De la misma manera que la empresa “nos da de comer”, nuestro trabajo diario da de comer, y muy bien, a una parte de la empresa, a esa misma parte que ahora decide quien se queda y quien se va y cuanto se rebaja el sueldo de cada uno. Una empresa sin trabajadores no es nada pero mientras una parte de éstos estén de parte de aquella... no hay nada que hacer.

Puede que esta carta no vea nunca la luz o que la vea cuando ya haya sido despedido así que no me contestéis. Esto no es sólo un reproche, es un intento de remover vuestras conciencias. La mía está, desde luego, muy tranquila.



Mucha suerte a tod@s, compañer@s.

Fdo: Un idealista

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