domingo, 27 de febrero de 2011

Luto

En la vida hay momentos, hechos, circunstancias, que te hacen pensar, que te marcan para siempre.

El pasado viernes falleció el hermano de mi madre, mi tío Víctor. Hoy le hemos incinerado y sus cenizas se han esparcido al viento.

Siempre fue alguien especial.

Vivió con mi abuela en un pequeño piso de renta antigua que ni siquiera tenía baño en condiciones. Cuando el Alzheimer obligó a ingresarla en una residencia, mi madre prácticamente le obligó a comprarse una vivienda. Un bajo pequeño pero en el que se hizo una reforma para convertirlo en una casita digna y, por fin, con ducha.

Mi tío siempre trabajó de noche, en una imprenta, de martes a domingo. Recuerdo cuando yo era peque y me quedaba a dormir en casa de mi abuela. Ella pasaba la tarde jugando conmigo, viendo la tele y dándome dinero para comprar cromos que luego pegábamos en el álbum entre los dos. A eso de las once mi tío se levantaba para ir a trabajar yo me acostaba en su cama. No había más camas. Cuando volvía del trabajo se quedaba en el salón fumando un Winston tras otro y leyendo alguno de sus cientos de libros. Lector empedernido y aficionado a la música clásica. Le gustaba cocinar y, sobre todo, comerse lo que cocinaba. Puede que eso fuera el motivo de su obesidad.

Pero sobre todo fue siempre una persona solitaria. Nunca le conocimos novia, ni amante, ni siquiera amigos. Le gustaba viajar y visitó buena parte de Europa en solitario. Estuvo en Rusia cuando era la URSS. A veces hacía escapaditas en tren para ver alguna ciudad y luego pegarse una buena comilona. Primero las hacía conmigo, luego con mi hermana, últimamente con mis padres. No tenía a nadie más.

En mi familia siempre nos hemos reunido en Nochebuena. Con el paso de los años han ido faltando primero una abuela, luego un abuelo, luego la otra abuela y en esta faltó mi tío. En Navidad vino a comer y todos nos preocupamos un poco al verle la piel de color amarillo. No se encontraba bien pero nadie pensó que fuera tan grave. Un aparente problema de vesícula se destapó como un cáncer extendido por toda la zona abdominal. No había nada que hacer salvo esperar que fuera lo más rápido y con el menor sufrimiento posible.

Y ayer, cuando desfilaban por el tanatorio los familiares y los amigos de mis padres fui consciente de repente de la vida que mi tío había llevado. Quizá no fuera la mejor de las vidas pero era la suya y quiero suponer que la vivió como quiso. Nunca le dije que le quería pero espero que se sintiese querido y en su memoria seguiré el último consejo que me dió, ya desde la cama del hospital : "sobrino, deja de fumar, que yo ya lo dejé hace mucho tiempo y es lo mejor que he podido hacer".

Titus, hasta siempre.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Huelga general

Esto es lo que se ha vivido hoy.


No era contra el gobierno, supuestamente progresista, sino contra una reforma laboral que retrocede los derechos de los trabajadores por cuenta ajena a los que se tenían en los años 80.

Entiendo a l@s que no se han sumado a la convocatoria por diversos y personales motivos pero sobre todo a quienes no lo han hecho por miedo. Miedo a represalias e incluso a perder su puesto de trabajo. A éstos en particular les pediría que reflexionasen sobre lo que supondría para un empresario quedarse sin trabajadores y que su negocio dejase de funcionar.

Lo que ya no entiendo es a quienes estando de acuerdo con lo que se reivindica van a trabajar porque "no va a valer para nada" o "porque va a ser un fracaso". Estas opiniones ampliamente extendidas demuestran que nuestra sociedad es egoista, profundamente individualista y donde los intereses particulares prevalecen sobre los generales.

En cualquier caso, mientras pensemos que una empresa nos hace un "favor" al contratarnos, mal vamos. La relación empleado-empleador no deja de ser un contrato por el que una parte presta un servicio y la otra lo paga. La parte que paga, el empresario, no sería NADA sin la parte que presta el servicio.

Si ahora, si hoy, no hemos apoyado a quienes se supone nos representan, mañana, cuando a alguien le manden a la calle con 20 días de indemnización en vez de 45 no nos podremos quejar. Claro, que mientras le toque a otr@ no pasa nada ¿verdad?

No se debe ni puede conculcar un derecho para proteger otro y en algunos casos se hace como cuando se decretan servicios mínimos abusivos o se permite la coacción de esos piquetes informativos, muchos de los cuales ejercen su función pacíficamente, que se diferencian poco de los terroristas callejeros.

A partir de hoy veremos lo que sucede. El tiempo, que es sabio juez, pondrá a cada cual donde le corresponde.


Sea como fuere yo hoy SI estoy de huelga.